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Olivo

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La superficie de olivar cultivada en nuestro país es de 2,5 millones de hectáreas, de las cuales 2 millones son de secano. La producción total ronda los 7 millones de toneladas, siendo el rendimiento medio del cultivo de 2,5 Tm/Ha en secano y 4,8 Tm/Ha en regadío. El 93% de la superficie está ocupado por olivar de aceituna de almazara frente al 7% que es de aceituna de mesa. Como cualquier cultivo, el olivar está sometido al ataque de multitud de plagas y enfermedades, aunque solo unas pocas son importantes desde el punto de vista económico.

La principal plaga de este cultivo es la mosca del olivo (Bactrocera oleae). Los frutos picados caen prematuramente al suelo y los que quedan en el árbol suponen un destrío inmediato en aceituna de verdeo y una pérdida importante de calidad del aceite en aceituna de almazara. El control del insecto se realiza mediante trampeo masivo unido a la aplicación de tratamientos totales o de parcheo, contra formas larvarias o adultas respectivamente. La recogida temprana de la aceituna permite reducir el porcentaje de frutos afectados. Otro insecto que afecta al fruto es la prays del olivo (Prays oleae), cuyo daño más importante es que provoca la caída de frutos, que de producirse tras el cuajado no es un problema, pero que a partir de septiembre con el fruto ya madurando puede provocar una pérdida importante de la cosecha.

Los homópteros succionan savia del árbol, debilitándolo si el ataque el muy fuerte. Al segregar melaza se instala el hongo negrilla que puede manchar los frutos, quedando estos depreciados comercialmente, principalmente en aceituna de mesa. En el cultivo del olivo hay tres homópteros habituales: la cochinilla de la tizne (Saissetia oleae); el algodón del olivo (Euphyllura olivina), siendo sus ataques normalmente de escasa relevancia; y el arañuelo (Liothrips oleae), un trips que provoca deformación y marchitamiento de brotes.

De entre las plagas que afectan a la madera, al excavar galerías, las más importantes son el barrenillo del olivo (Phloetribus scarabeioides) y el abichado (Euzophera pingüis). El primero es un escarabajo escolítido que afecta a árboles debilitados, siendo los daños más importantes sobre los brotes, que acaban secándose, con lo cual la próxima cosecha puede verse reducida. Para evitar dicha plaga lo principal es gestionar adecuadamente los restos de poda. Euzophera pingüis es una mariposa cuyas larvas excavan galerías en el tronco y las ramas del árbol, pudiendo estas llegar a secarse por completo o incluso el árbol por completo si es joven.

Otiorrhynchus cribicollis es un escarabajo curculiónido que causa defoliación al mordisquear los bordes de las hojas, que quedan con un aspecto festoneado típico. Es una plaga eminentemente secundaria. Las orugas de Glifodes (Margaronia unionalis) se alimentan de brotes, pudiendo afectar a las yemas, incluso al fruto en ausencia de brotes. Ambas plagas defoliadoras tan solo pueden llegar a ser problemáticas en plantaciones jóvenes.

La principal plaga a nivel de suelo son los gusanos blancos (Anoxia, Melolontha, etc.), siendo sus larvas las que se alimentan del sistema radicular del cultivo, debilitándolo y provocando incluso su muerte si los ataques son severos.

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